Coronavirus: Nuestra odisea en Marruecos

Marruecos, 20:00 horas de la tarde del jueves 12 de marzo del 2020. Acabamos de bajar de un dromedario, apenas pisamos la arena del desierto de Merzouga cuando nos informan que Marruecos cierra la frontera con España. Maldita la hora en la que una de las chicas que hacía la excursión con nosotras tenía cobertura en el móvil. Los mensajes a partir de entonces fueron constantes y nuestro viaje se vio truncando en ese preciso momento.

Volamos a Marruecos el día 10 de marzo. Un vuelo tranquilo y rápido desde Madrid, en dos horas ya habíamos llegado al destino. El aeropuerto de Marrakech no es muy grande pero antes de pasar los controles vimos a mucha gente haciendo colas y un caos un poco desorganizado. ¿El motivo? Nuestro primer contacto con Covid-19. Personal del aeropuerto repartía formularios para que rellenáramos antes de pasar el control. Preguntas tales como si habíamos viajado a China recientemente, si habíamos tenido fiebre o si habíamos estado en contacto con personas infectadas por coronavirus. Total, que mucha gente y pocos bolígrafos después, conseguimos salir del aeropuerto unos 45 minutos más tarde de que aterrizase el avión.

 

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El primer día, como llegamos sobre las 12:00h. de la mañana de un martes, aprovechamos para darnos una vuelta por Marrakech, ver la plaza de Jamaa el Fna y perdernos, literalmente, por el zoco de la ciudad. Comimos y cenamos en restaurantes de la zona, vimos el atardecer desde una de las muchas azoteas de la plaza y recorrimos la ciudad en busca de unas buenas fotos. Al día siguiente salíamos rumbo al desierto, haciendo alguna que otra parada para conocer otros lugares de Marruecos.

El miércoles subimos al mini-bus para conocer ciudades y pueblos bereberes, antes de llegar al campamento en el desierto donde pasaríamos la noche del jueves. Día que hicimos una ruta en dromedario con unas vistas increíbles en pleno desierto de Merzouga. Y como os adelantábamos antes, fue en ese momento cuando tuvimos constancia de lo que estaba pasando. Marruecos cerraba la frontera con España y nuestro futuro empezó a ser bastante incierto. El resto de personas con las que hicimos la excursión empezó a recibir mensajes desde España, nosotras mismas buscamos información en internet y tuvimos claro que las cosas se iban a tornar cada vez más difíciles.

 

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Aquí empieza nuestra odisea

Si la frontera estaba cerrada, ¿cómo íbamos a volver? Tanto por vía aérea como por marítima, parecía que no había forma de salir de Marruecos. Además estábamos a cientos de kilómetros de la ciudad y las opciones eran pocas. De repente nos vimos en un entorno desconocido, en medio de la nada y con ese miedo de no saber qué iba a pasar. Hubo quien propuso salir esa misma noche a la carretera y hacer el camino de vuelta que hicimos en dos días, del tirón, pero era un poco locura. Las carreteras por las que viajamos no eran muy seguras y menos de noche. Así que finalmente decidimos dormir en el desierto y salir a primera hora de la mañana. Esa noche los ánimos fueron decayendo y aunque la final, de todo hay que reírse, esa incertidumbre no nos dejó disfrutar de la noche como se debía.

El viaje de vuelta, desde el desierto de Merzouga, lo hicimos en un mini autobús con más gente de España, México y República Dominicana, todas teníamos que entrar en España. En este trayecto nos enteramos, por redes sociales, de que España había abierto la frontera terrestre con Marruecos y que posiblemente, podríamos entrar por Ceuta. Nos iban llegando emails de nuestras compañías aéreas con las cancelaciones de nuestros vuelos, sin ninguna opción de cambio. La información nos llegaba a cuenta gotas. Entonces nos planteamos ir directamente al aeropuerto para informarnos, reclamar o intentar volar como fuese a otra ciudad europea. Idea que, según pasaban las horas, fuimos descartando ya que a través de internet fuimos sabiendo que la gente que se acercaba al aeropuerto ni podía volar, ni era atendida correctamente. Así que, tras dudarlo mucho, todo el grupo nos decantamos por intentarlo por Ceuta, aunque para ello tuviésemos que viajar muchas más horas y coger varios transportes. Fueron 12 horas de viaje, en un autobús pequeño, con muy pocas y rápidas paradas, muchas personas y poca información, hasta llegar a Marrakech.

Llegamos directas a la estación de trenes ya que sabíamos que había un tren que salía hacía Tánger a las 21:00h y que desde allí podríamos llegar a Ceuta en taxi. Compramos los billetes nada más llegar y como no nos daba tiempo a coger el tren de esa hora, salimos en el siguiente, a las 04:50h. Este tren hacía parada en Casablanca donde tuvimos que cambiar a otro que salía a las 08:00h. Los trenes hay que decir que muy modernos no eran pero, sinceramente, hubiéramos hecho el viaje en carromato si hubiera hecho falta, nuestra misión era llegar hasta Ceuta y cruzar la frontera como fuera.

 

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Una vez en Tánger, sobre las 10:00h, un par de taxis nos esperaban a la salida de la estación. Tardamos una hora en llegar a Ceuta y el taxista nos dejó justo en la frontera. Ahora que lo estamos contando o escribiendo, no parece para tanto pero tenéis que tener en cuenta que todas las decisiones que tomamos fueran a ciegas. No sabíamos si estas 18 horas de viaje, iban a servir para algo o si por el contrario nos íbamos a encontrar con la frontera cerrada. Y también nos taladraba la cabeza si el haber desechado la idea de intentarlo en el aeropuerto, había sido una buena decisión o no.

A las 11.30h. estábamos en Ceuta, con las mochilas, el pasaporte en la mano y el miedo en el cuerpo. No queríamos celebrarlo todavía. El grupo estaba aguantando las ganas de cantar victoria, todavía faltaba pasar unos cuantos controles. Nos dejan pasar el primer control y un policia nos da la bienvenida. Nos cuenta además que solo está abierta para gente española, y según vamos pasando vamos viendo como hay gente a la que no van a dejar pasar. Una imagen que hace que no lleguemos a celebrarlo del todo, pues que nosotras podamos pasar y haya gente a la que no le estén dejando no es agradable ni justo. Luego nos decía el taxista que nos llevó hasta el ferri que mucha de la gente que está allí, en el suelo esperando, son trabajadores y trabajadoras de Marruecos que cruzan cada día para trabajar en Ceuta y que ahora no pueden regresar.

 

 

No llegamos a tiempo para coger el ferri de las 12:00h pero nos informan que sale otro a la 13.00h y que no nos preocupemos porque van a seguir saliendo, al menos ese día. Sacamos los billetes, comimos algo, por fin, y embarcamos en el ferri que nos llevará en una hora hasta Algeciras, España.

Vale, ya casi estamos, el barco se mueve, dejamos atrás el estrés y la locura de estas últimas horas. Empiezan a salir las primeras sonrisas, todos estábamos más tranquilxs porque íbamos a llegar a la península. La verdad que ya estando en España, la cuestión de cómo llegar ahora a Madrid es lo de menos pero claro, queremos llegar a casa. Llevamos muchas horas sin dormir, hemos cogido muchos transportes y estamos agotadas. Entonces, nos dicen que una vez lleguemos a Algeciras podemos coger un tren directo a Madrid ¡Directo a Madrid! Nuestra idea principal era ir hasta Sevilla con una pareja que conocimos en el viaje, y desde ahí coger un AVE a Madrid. Pero poder coger un tren directamente al bajar del ferri pintaba muy bien, ¿problema? nosotras llegábamos a Algeciras a las 14:10 y el tren salía a las 14:30h. Otra vez el estrés. ¿Qué hacemos? ¿Lo intentamos o lo damos por perdido? Obviamente lo intentamos, hemos venido a jugar.

 

 

Gracias a lo que sea, el ferri llegó antes de lo esperado. Estábamos preparadas en la puerta para desembarcar las primeras junto a otra pareja que también se venían con nosotras a Madrid. Abrieron y salimos corriendo como si una prueba de velocidad de 100 metros lisos se tratase. Corrimos por toda las estación hasta que conseguimos llegar a la calle. Cuando el taxista vio que éramos españoles, se puso la mascarilla de inmediato. ¡Lo más rápido que puedas a la estación de trenes! Y lo conseguimos. Llegamos. Estábamos ahí a las 14:20. “Por favor, dos billetes para Madrid ahora a las 14:30”. La de la taquilla nos replicó: “sólo queda 1” Nuestro mundo se fue al garete en un abrir y cerrar de ojos, todo había ido tan bien hasta ahora. Dejamos pasar a un señor que también iba a Madrid para que al menos él pudiera llegar a su destino. Y nosotrxs empezamos a debatir las opciones que teníamos. La opción de coger un coche de alquiler, era la más interesante pero estábamos muy cansadxs para conducir casi 7 horas en coche. Mientras que seguíamos intercambiando opciones para llegar a Madrid, el señor que dejamos pasar se giró y emocionado dijo “¡¡quedan 8 billetes!!”. A pesar de este contratiempo, todo seguía su rumbo. 

Para llegar a ese tren, teníamos que subir antes a un bus que nos acercaba a la estación de trenes. No tenía mucho sentido pero bueno, ya era la recta final. Una hora de trayecto para llegar al tren que nos llevaría directas a Madrid, o al menos, eso pensábamos. Montamos en el tren, sobre las 15:30h, nos quedaba un largo viaje por delante pero ya con la tranquilad que era el último transporte que cogíamos y que la última parada era nuestra ciudad. En este tren, como en todos los anteriores, la cafetería está cerrada por medidas de seguridad respecto al virus y el personal de Renfe nos regala agua y zumos, algo es algo. Aunque un buen café o una cerveza no habrían estado de más. Una hora de viaje, el cansancio y las horas que llevamos a las espaldas sin dormir hacen mella pero estamos tranquilas y felices por haberlo conseguido. Hasta que el tren se para.  

 

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Se para y no arranca. Durante unos 20 minutos el tren no avanza. Estamos en medio de la nada, el paisaje es bonito la verdad pero ¡¿qué pasa ahora?! Preguntamos y nos dicen que el tren se ha parado por un arrollamiento ¿Perdona? No, no había cámaras, era real. Tras media hora sin movernos, por fin el tren arranca y seguimos hasta la siguiente parada, Jimera de Líbar. Vuelven a pasar unos 10 minutos sin que el tren se mueva, la gente sale al andén y preguntamos qué es lo que ha pasado y por qué no nos movemos, otra vez. “Debido a un arrollamiento, el tren no va a poder continuar el viaje”. Solo podíamos pensar en si algo más iba a pasarnos y de ser así que pasara ya, no podíamos más. Nos hacen bajar del tren porque lo que hemos atropellado han sido cinco ovejas, que dices tú ¿cinco? pues sí, ni una, ni dos, ni tres, cinco. Ahora encajaba el hecho de haber visto al pastor pasar tan cerca del tren la primera vez que el tren se había parado. Total que mientras que llega otro autobús para recogernos y llevarnos a otra estación de trenes, hacemos tiempo en el único bar que debía haber por la zona y al cual, creemos que, le hicimos el agosto todxs los del tren. Un par de cañas y un perrito caliente después llegan dos buses que nos van a llevar a Antequera, donde cogeremos el otra vez, último tren para llegar a Madrid. El trayecto dura casi dos horas y parte de ellas por puerto de montaña. Ya no sabemos si reír o llorar, simplemente nos dejamos llevar. Y como más tarde nos dijo mi abuela; “¿pero qué hacían cinco ovejas justo ahí?”.

Cogemos el AVE en Antequera, lo bueno es que al ser un AVE, el trayecto durará un par de horas y media. Nos reubican en los vagones de las 20:00h procedente de Granada. Y fue sentarnos en los primeros asientos que vimos y caer muertas de sueño. No nos llegamos a dormir pero era tal el cansancio que apenas creo que hablamos. Además ya no teníamos tan claro que este fuera el último transporte que fuéramos a coger, o que algo malo fuera a pasarnos, otra vez. 22:30h, próxima parada; Madrid-Atocha. Casi lloramos. Después de casi dos días de viaje y en estas circunstancias, habíamos llegado.

Nos encontramos con un Madrid casi vacío, lleno de taxis pero sin apenas transeúntes, solo mi padre que nos vino a buscar. Choca bastante ver así la ciudad cuando normalmente suele haber mucha gente esperando a sus amigxs o familiares en la estación. A pesar de estar montadas en su coche, ya nos sentíamos seguras y como en casa. ¡Lo hemos conseguido! ¡Ya estamos en casa!

Después de llevar unos días ya en Madrid, echamos la vista atrás y aún sentidos la incertidumbre que teníamos de nuestro futuro en ese momento. La sensación de no saber si íbamos a llegar a casa o nos tendríamos que quedar más días en Marruecos nos comía por dentro. A cada paso que dábamos y a cada destino al que llegábamos lo sentíamos como una meta. Tuvimos muchas dudas de qué hacer y cómo hacerlo y la verdad que fue en el último momento que decidimos ir a Ceuta. Después de haber visto lo que ha pasado, creemos que elegimos la opción correcta y nos quedamos con eso.

 

RESUMEN DE NUESTRA ODISEA EN MARRUECOS

🐪 Dromedario hasta el campamento (20 minutos)
🚐 Mini-Bus hasta Marrakech (12 horas de viaje)

🚃 Tren cutre hasta Casablanca (15€ /2 horas y 40 minutos de viaje)
🚈 Tren un poco mejor hasta Tánger (18€ /2 horas de viaje)
🚖 Taxi hasta Ceuta (10€ por persona / 1 hora)
🚶🏻‍♀️Cruzar la frontera andando (15 minutos de nervios)
🚖 Taxi hasta el ferri (6€ la carrera / 5 minutos)
🛳 Pillar el ferri que nos llevará a Algeciras (33,8€ / 1hora y 10 minutos)
🏃🏻‍♀️Correr para coger un taxi (5 minutos)
🚖 Pillar el taxi que nos llevará a la estación (7€ la carrera /12 minutos)
🚌 Pillar un bus para coger el tren (1 hora)
🚈 Pillar el tren que supuestamente nos llevaba a Madrid (78€ / 6 horas y 10 minutos)
🚌 Bus que nos lleva a Antequera (Casi 2 horas de viaje)
🚈 AVE hasta Madrid (2 horas y algo de viaje)

🚗 Coche de papá destino a casa (30 minutos de viaje)

 

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5 Comments
  • Gely
    Posted at 17:32h, 22 marzo Responder

    Uff.. Que aventura, cuanto extres.. Valientes

    • soyunblogdeviajes
      Posted at 11:58h, 24 marzo Responder

      Ya te digo, muchas gracias! 🙂

    • soyunblogdeviajes
      Posted at 16:12h, 29 junio Responder

      Jajajaj la verdad que si, pero tuvo su gracia 🙂

  • Andrea
    Posted at 21:28h, 24 marzo Responder

    Bonita odisea. Se merece un tatuaje, como poco!! Os habéis quedado sin comer Tajin durante un mes, pero me alegro mucho de teneros de vuelta.

    • soyunblogdeviajes
      Posted at 16:12h, 29 junio Responder

      Jajajaja iremos pensando en un diseño. Al final la aventura es lo que recuerdas. Gracias Andrea!

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